sábado, septiembre 02, 2006

Homilía

22º domingo del tiempo ordinario
03.09.06

Lecturas
Deut. 4, 1 – 2. 6 – 8
Sal. 14
Sant. 1, 17 – 18. 21b – 22. 27
Mc. 7, 1 – 8. 14 – 15. 21 – 23

Durante este fin de semana las lecturas de la liturgia de la Misa nos llevarán al tema de los mandatos de Dios, del cumplimiento que damos de ellos, de lo que ponemos en práctica y vivimos. Regresamos además en el Evangelio al texto de Marcos, luego de haber estado algunas semanas en el capítulo 6 de Juan.
La primera lectura, sacada del libro del Deuteronomio, escuchamos un discurso de Moisés sobre la ley del Señor. Todo el libro del Deuteronomio nos habla sobre la unidad que debe alcanzar el pueblo de Dios en torno al cumplimiento de los mandatos divinos recibidos en el monte Sinaí; esto dará vida al pueblo, que lucha por alcanzar la tierra prometida en una unidad religiosa. El texto de hoy nos dice que quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica, tendrán vida, serán sabios y prudentes. Eso hará que los pueblos que miren a Israel guardar los mandatos del Señor, admirarse de que este pueblo tenga un Dios tan cerca, de ver a un pueblo alegrarse en el cumplimiento de esa Palabra. Todo un texto lleno de esperanza para hacer vida lo que Dios nos pide. El texto recalca que no hay que quitar nada ni añadir nada de lo que se ha recibido como mandato.
La segunda lectura, la carta del Apóstol Santiago, se vuelve sobre el tema del cumplimiento de la Palabra de Dios. Hay mensajes muy claros: “Pongan en práctica la Palabra, y no se contenten solo con oírla…” Ser verdadero hombre o mujer religiosos consiste en ocuparse de los más necesitados, y no “contaminarse con el mundo”. El tener todo esto es un don, que debemos aprovechar, y no contentarnos con asistir como espectador frente a la Palabra de Dios, sino hacerla carne.
El Evangelio de Marcos, el tema central es la impureza en la cual el hombre cae. El discurso de Jesús nos hace pensar en las cosas que realmente nos hacen impuros, que no son los preceptos de Dios, sino lo que los hombres hemos hecho con nuestra vida. La crítica de Jesús apunta a una moralidad que debe estar fundada en un corazón convertido antes que en los ritos externos que practican los fariseos y escribas. ¿De donde sale la maldad del hombre? De un corazón que no se ha convertido al Señor de la Vida.

Aprendizaje de la Palabra:
- Fidelidad a la Palabra de Dios: El pueblo de Israel, aprendió a caminar junto a Dios en la medida que fue fiel a la Palabra que recibieron como mandato en el monte Sinaí. Hoy, nosotros como Iglesia, estamos llamados a guardar esa Palabra, a transmitirla en su integridad y vivirla. No pocas veces me toca escuchar críticas respecto a porqué la Iglesia prohibe esto o aquello, o porqué la Iglesia es tan estricta en este o aquel tema; la respuesta es sencilla: Porque la Iglesia custodia el depósito de la fe, recibe la Palabra de Dios y la transmite en toda su integridad para que quienes estén dispuestos a correr el riesgo de ser discípulos del Señor, puedan tener Vida en esa Palabra, que alcanza su punto culminante en Jesús el Señor. El católico debe preocuparse por formarse y conocer la Palabra de Dios para alcanzar el conocimiento de la voluntad de Dios.
- Aprender a ser consecuentes a la Palabra de Dios: Esto es algo que a todos nos cuesta bastante. Caemos en la tentación de no asociar la vida de fe con el cumplimiento de la Palabra; esto trae como consecuencia el autoengañarnos de que estamos bien, de que no necesitamos convertirnos. Cumplir los mandatos de Dios y tener vida van de la mano, así de simple, sin más vueltas.
- Cambiar el corazón para aceptar plenamente a Dios: El Evangelio nos deja como enseñanza esta idea. ¿Cuál es el origen de nuestra lejanía de Dios? Un corazón que no se ha abandonado a la Palabra de Dios. Seguramente los fariseos y escribas no eran malas personas, pero les faltaba algo esencial para la fe: convertirse, dejar los ritualismos humanos atrás para abandonarse de corazón a la Palabra de Vida. El interior del hombre, es el que necesita dejarse educar.

Pidamos al Señor el don de un corazón nuevo, que ama profundamente la voluntad de Dios y que nuestra alegría sea cumplir su voluntad. Amén.

3 comentarios:

Monica Moya Huerta dijo...

Cristian:
Me gusto mucho tu explicación de las lecturas de este día domingo, comparto alunos pensamientos tuyos relacionados con la pureza del corazón, especialmente frente al cumplimiento de la palabra del Señor, que es la que sin duda nos puede orientar hacia su persona y no quedarnos envueltos en lo aparente, que muchas veces nos desvía de nuestro propio objetivo: Seguir al Señor, sirviendo a nuestros hermanos los más necesitados.
Gracias por tus palabras y continua a delante con tu trabajo pastoral tal como lo haces hasta ahora, especialmente por este medio que muchas veces termina tan lleno de basura y cuesta encontrar algo que tenga sentido.
Te acompaño en la oración.
Cariñosamente Mónica.

Juan Fuentes dijo...

Cristian, tal como tú, he llegado acá solamente porque Dios está en todos lados, internet incluída. O sea: tengo mi blog -> llegué a "El blog de los blogs" -> S.C.J. -> etc. etc.

Qué gusto es leer tus reflexiones para las lecturas de este fin de semana que pasó y mucha alegría de saber que somos varios los que estamos dándole un uso mayor a esta herramienta.

Mi blog: hermanohoy.blogspot.com

Dios te bendiga.

Juan Carlos

Anónimo dijo...

De dònde viene la maldad del hombre? Viene de su interior,simplemente porque no conoce a Dios, y no ha entendido para què vino Jesucristo, por qué dió su vida con nosotros... Vino para enseñarnos a vivir sanamente, en libertad, vivir una vida plena, llena de cosas buenas, de sentir, pensar, actuar con amor, como nuestro Padre Dios, como su Hijo Jesús.
La gente hace maldades porque no se valora, piensa que no vale, y por eso piensa que tampoco los otros valen.
Quiero decirle a todas esas personas ue piensan y sienten asì que, sì valen, que se amen a ustedes mismos y le hallaràn sentido a la vida, y asìmismo, valoraràn a los demàs. Dios los ama!